Hacer de madre (y de padre) es un aprendizaje. Posiblemente uno de los más intensos que hay. Puedes aprender a ser tierno, cariñoso, a poner límites, a establecer rutinas y horarios, a organizarte, a jugar y a querer de una manera diferente a como lo habías hecho hasta ahora, a cuidarte y cuidar, etc.

Tú aprendes y el/la bebé también; pero la diferencia entre tú y el/la bebé es que los bebés cuando nacen dependen totalmente de la persona que lo cuida. El bebé tendrá más o menos posibilidades de crecer sano y feliz según cómo sean estas atenciones.

En este aprendizaje lo más importante es poder ver que no está funcionando para poder rectificar. Y la mejor manera de aprender es rodeándote de personas que te apoyen.

Durante el embarazo puede que empieces a imaginar cómo sería este bebé. Puedes pensar qué cara va a tener, que le gustará, qué carácter tendrá, etc. Imaginar algunas veces nos ayuda a poder planificar mejor el futuro, pero a veces hace que generamos unas expectativas de futuro que quizás después no se cumplen. Los bebés, como tú, son personas únicas; con semejanzas y diferencias con sus padres y madres.

Hacer de madre requiere mucha implicación y supone un cambio de estilo de vida importante.  Los primeros meses de vida del/la bebé será difícil trabajar, estudiar, salir de fiesta con las amigas. Con el tiempo y apoyo del entorno podrás retomar las actividades que desees.

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